Sin pasto, sin resultados, sin promedios, sin local o visitante.
Con barro, con wing, con enganche, con fútbol, con mística.
En sinpasto nos gusta hablar del ascenso.
Lo demás, trivialidad.
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martes, 10 de agosto de 2010

El CADU no entendió nada/ Escusa para homenajear al Turco Pontelli.

Estaba todo armado. El homenajeado, la cancha hasta las muelas, los trapos de Villa San Carlos colgando (?) y aunque nada pudo restarle emoción a la jornada, hubo algo que no cuadró. El equipo visitante fue el que terminó festejando y el team del homenajeado, Cambaceres, perdió el encuentro. ¿Será entonces que los partidos despedida deben ser los típicos “los amigos de x” contra “el equipo campeón del 81”?. Puede ser, acá tampoco queremos quitarle merito a la honrable idea de Caldera de retirarse dentro de una cancha por los puntos en un torneo organizado por la AFA. En fin, como dice el título, aprovechamos el encuentro entre Cambaceres y Defensores Unidos de Zarate en el que José Luís Calderón se retira de la actividad para hablar un poco de Gustavo “Turco” Pontelli, quien si tuvo una despedida del futbol de las tradicionales, es decir, entre amigos y ex compañeros de ruta.

El turco inició su carrera en el final de los 80’, en JJ Urquiza, donde ya se destacaba su gambeta impredecible. Luego tuvo un paso por Velez, Pero fue en San Telmo donde enamoró a propios y extraños con su gran habilidad. Era un distinto, pero nunca perdió la humildad fuera de la cancha. Regó con su gambeta innumerables canchas del ascenso, enamorando a todos los candomberos, pero también a hinchas rivales, que no podía creer como se llevaba la pelota atada al botín, entre pozos de canchas en mal estado (en esto Caldera debe coincidir…) y patadas de los rivales.


El Turco, la diez, la casaca de Telmo. Nada más para agregar.



Según reza la grandiosa página de telmo, con el equipo de la Isla Maciel jugó ininterrumpidamente entre la temporada 93/94 hasta la 00/01, cuando fue transferido a Tristán Suárez. De ahí se fue a jugar a Excursionistas y terminó su carrera en JJ Urquiza, en la temporada 04/05. A fines del 2006 se organizó su despedida. El encuentro fue en la cancha de Barracas Central y el partido se jugó entre Los amigos del Turco (donde había jugadores con mucho rodado en el ascenso como Seba Abeledo o Unzurrunzaga) y el San Telmo de ese año. Pontelli jugó para sus “amigos” y, obviamente, se llevaron la victoria por 4 goles a favor y ninguno en contra. O sea, una verdadera fiesta, donde el homenajeado disfrutó cada minuto.
De esta manera se despidió un jugador amado por los candomberos y querido por todo el ascenso, con una habilidad poco vista por el under futbolero, lo que llevó a que sea reconocido como el “Maradona de la B”.

viernes, 9 de julio de 2010

Leyendas: Garrafa Sánchez.

Una vez leí que Garrafa era un bohemio del futbol. Creo que no hay mejor definición.
Sino preguntale a Bilardo, que quedó impresionado por su nivel en un amistoso jugado entre Laferrere y Boca. Sin embargo, al verlo llegar en moto dudo, y cuando lo pasó a altísima velocidad una vez terminado el partido, el doctor decidió que era demasiado diferente para estar bajo sus órdenes.

Tuve la suerte de verlo jugar en el regreso a su querido Lafe. Era en la cancha del villero. Fue uno de sus últimos partidos y entró en el segundo tiempo. Creo que estaba mal de estado físico o recuperándose de esas lesiones que tanto lo jodieron, la verdad, no sé. Lo cierto es que en menos de 20 minutos enloqueció a toda la defensa rival. Y esto no es un decir. Garrafa agarraba la pelota unos metros delante de la mitad de cancha (se había tirado como una especie de wing derecho) y entre su velocidad y su gambeta hacia desparramar almas por la reducida cancha del verde. No me acuerdo como terminó el partido. Creo que el local perdió. Es más, creo que lo olvidé al poco tiempo, porque lo que en verdad me quedó en la retina fue la magia de Garrafa Sánchez, su desfachatez para encarar, encarar y encarar. Si el Real Madrid tiene a Europa en su ADN, el enganche calvo tenía el arco de enfrente. El arco de enfrente y el potrero.

Fue un jugador emblema del ascenso. Quitemos de discusión que por los suelos con escaso césped pasó gran parte de la carrera. Garrafa era un jugador de futbol en estado puro (como así lo caracterizó el gatito Leeb), un jugador que no especulaba, que iba al frente sin mezquindades. No importaba si el empate servia, él quería jugar al fútbol. Sea en Laferrere, el Porve o en Banfield. Pero siempre al fútbol.

jueves, 17 de junio de 2010

Leyendas: Darío Dubois, el último héroe maldito del ascenso.

Inaguramos nueva secciòn, dedicada a los que dejaron su marca. Y lo hacemos con un jugador inolvidable.


Eterno jugador de la última categoría del futbol nacional, Dubois tuvo ese condimento tan especial que hace a las personas extraordinarias. Dubois era diferente.

Fue su amor a la música lo que lo impulsó a formar parte de un grupo que hacía temas de Vox Dei, Tributo Rock, donde casi todos los integrantes eran jugadores de la D.
Lo que le encantaba era el metal duro, podrido. Por eso, una tarde de sábado decidió (jugando para Midland, en el clásico contra Argentino de Merlo), pintarse la cara al mejor estilo Kiss, para darse ánimo él, y para darle cagazo a los contarios.
La AFA (como siempre le pasa a las Instituciones con los diferentes) no lo entendió, no le gusto, creyó que era mala imagen para la D (parece que los dirigentes de AFA no saben de los sueldos miseria de los jugadores o de la infraestructura de los clubes de la D) y a las pocas fechas Dubois se vio obligado a no maquillarse más.

Sin embargo, no fueron las afinidades musicales lo que lo hicieron diferente a Darío. Esto era solamente un complemento. El defensor central era una persona de códigos de esos que se aprenden en el barrio. Nunca tranzó con nadie, pese a que su situación económica siempre fue la de un jugador razo de la Primera D. Es decir, jugar para el viático, y otra changuita para parar la olla.
Ejemplo de esto puede ser aquella vez que, jugando en Lugano, decidió embarrarse la remera naranja, para que así quede tapada la publicidad. El sponsor había prometido 40 pesos por partido ganado. Lugano llevaba tres ganados al hilo y los jugadores no veían la plata. Dubois, fiel a su espíritu, hizo lo suyo. “Yo usaba esa plata para viajar”, manifestó una vez.

En otra ocasión, a la segunda falta del aguerrido 6, el árbitro que lo dirigía contra Excurcio en el Bajo Belgrano, lo echa por doble amonestación; pero al hacerlo, se le cae plata del bolsillo. Eran 500 pesos, y Dario se tiró de cabeza para agarrarlos. Cuenta que lo corrieron todos: dirigentes, la terna arbitral, la cana, jugadores. En la manga encaró al arbitro y le dijo: “a vos te dieron esta plata para echarme, hijo de puta”. Tuvo que devolver la guita porque sino “me daban como 20 fechas”.
Así era Darío Dubois, un eterno jugador del under, que no le cabía ninguna, un seis que iba más al frente que planteo de Bielsa, pero que, según él, no le gustaba el fútbol. En fin, un tipo que trasciende el mero cartelito de “personaje”, para convertirse en ícono de nuestro ascenso.

Darío dijo chau muy pronto. La vida le saco la roja, y esa hija de puta no es como el futbol. No siempre da revancha al próximo sábado.
La changuita de Darío era ser sonidista en una local de Casanova. A la salida de su trabajo lo asaltaron y lo hirieron en una pierna y en el estomago. Ni Victoriano Arenas (club donde se desempeñaba en aquella época), ni la AFA bancaron la intervención quirúrgica. Luego De 10 días, Dubois murió.
Salió en pocos medios y Tyc no hará una publicidad al estilo “tyc y los codigos”, con nuestro querido Dario. Sería demasiado careta para él.
Lo que nos queda es su legado. La de un tipo que nunca fue contra sus ideales y que vivió como quiso, cosa envidiada por muchos en estos días.